lunes, junio 29
La ensaladilla Rusa.
Llega el verano y el cuerpo nos pide comidas frescas, no recuerdo que en nuestra casa de Santiago la abuela alguna vez hiciera ensaladilla Rusa, pero si me consta que en Cuba era conocida desde tiempos inmemorables. En el libro de cocina "Delicias de la Mesa" de María Antonieta Reyes Gavilán todo un clásico, editado en la Habana en 1925 ya incluye esta receta. Aqui en España es muy típica en estos días cuando ya el calor se empieza a sentir y verdaderamente es de agradecer, además su sencilla confección y la posibilidad de refrigeración que tiene permite jugar con ella en el tiempo. Para tiempos de crisis resulta un plato de bajo costo y de un balance nutricional adecuado, siempre que no nos pasemos.
La ensalada rusa (conocida también como ensalada Olivier) es un plato típico de Rusia. Se trata de una especie de ensalada de patatas o una macedonia con verduras y atún u otro ingrediente ya sea jamón, pollo o el que se prefiera, todo ello mezclado en abundante mayonesa. En muchos países europeos, este plato es muy popular, tanto que ha sido incluido en su gastronomías nacionales, como en el caso de España.A pesar de la popularidad de la ensalada en España y Argentina, se puede decir que su origen es realmente ruso[1] (Салат Оливье) pues fue inventada en los años 1860 por Lucien Olivier, chef del restaurante Hermitage (Эрмитаж), uno de los restaurantes más conocidos de Moscú que pronto haría de este plato su seña de identidad. La versión original se servía fría y llevaba una especie de vinagreta, y es por esta razón por la que esta receta la denominan en otros países como ensalada Olivier, en honor a su inventor. Los ingredientes que empleaba la receta original de Olivier eran caros (por ejemplo empleaba carne de venado) y su composición así como su preparación eran un secreto oculto tanto por Olivier como por la familia que regentaba el Hermitage. Cuando el Hermitage cerró en el año 1905 la receta original se perdió inexorablemente, siendo imposible reproducirla hoy en día debido a la inexistencia de documento o receta que describa su elaboración exacta.(Tomado de Wikipedia)
martes, junio 23
A propósito de la masa real
A veces, cuando la añoranza de mi Santiago de las Vegas me abruma – quizás un día de lluvia fuerte como hoy en Miami, cuando el mismo perfume del agua que cae me transporta a un barril nutrido de aguaceros donde una vez mi madre me bañó en el patio de mi abuela; a veces, en un día como hoy, siento un vacío en el vientre que no es de hambre, pero que algunas comidas pueden atenuar: un huevo frito con arroz blanco, o mojar trocitos de pan cubano en un plato de frijoles negros humeantes y espesos. Esos platos tan básicos que, debido a su estado de salud, hoy preparo para mi madre como ella me los preparó a mí, son un vórtice en el tiempo y el espacio que, al que se sabe sintonizar, lo trasladan a un mundo que para otros ya no existe sino en el recuerdo.
A veces, en un día como hoy, voy a una gasolinera cerca de mi casa donde venden dulces de masa real – no como los vendía Emilio el chino en la bodega de 2 y 11 al lado de mi casa: frescos, detrás de un cristal, pequeñas pistas de aterrizaje para una mosca perezosa que sobre ellos descansaba sus alitas. Los de hoy son estériles, antisépticos, envueltos en plástico y atiborrados de conservantes. Dulces momias de harina y guayaba. El cristal de hoy no protege los dulces: es grueso, blindado, y protege al señor a quien le paso, por debajo de una ranura, un billete de dólar. No me conoce. No me sonríe. No sabe lo que me ha vendido.
Con mi pequeño vórtice envuelto en plástico, regreso a mi carro, donde me siento en silencio. Rompo el plástico con cuidado, tratando de prevenir que caigan migajas sobre el asiento y la alfombra. Es inútil: el dulce se desmorona entre mis dedos, seco y pegajoso a la vez. Un ritual inevitable. Al primer contacto con mi paladar, pasa sobre mí una profunda onda de sosiego. Cierro los ojos. Estoy donde tengo que estar. Si pasara cualquiera vería un hombre de cierta edad comiendo un dulce ordinario en su carro, nada más. Pero si por un instante cerrara los ojos y mirara con el corazón, quizás pudiera ver un niño de cinco años intentando, contra toda lógica, de cerrar el círculo entre lo que fue y lo que pudo haber sido.
José Alberto Balido Hernández
Miami, Florida
23 de junio del 2009
A veces, en un día como hoy, voy a una gasolinera cerca de mi casa donde venden dulces de masa real – no como los vendía Emilio el chino en la bodega de 2 y 11 al lado de mi casa: frescos, detrás de un cristal, pequeñas pistas de aterrizaje para una mosca perezosa que sobre ellos descansaba sus alitas. Los de hoy son estériles, antisépticos, envueltos en plástico y atiborrados de conservantes. Dulces momias de harina y guayaba. El cristal de hoy no protege los dulces: es grueso, blindado, y protege al señor a quien le paso, por debajo de una ranura, un billete de dólar. No me conoce. No me sonríe. No sabe lo que me ha vendido.
Con mi pequeño vórtice envuelto en plástico, regreso a mi carro, donde me siento en silencio. Rompo el plástico con cuidado, tratando de prevenir que caigan migajas sobre el asiento y la alfombra. Es inútil: el dulce se desmorona entre mis dedos, seco y pegajoso a la vez. Un ritual inevitable. Al primer contacto con mi paladar, pasa sobre mí una profunda onda de sosiego. Cierro los ojos. Estoy donde tengo que estar. Si pasara cualquiera vería un hombre de cierta edad comiendo un dulce ordinario en su carro, nada más. Pero si por un instante cerrara los ojos y mirara con el corazón, quizás pudiera ver un niño de cinco años intentando, contra toda lógica, de cerrar el círculo entre lo que fue y lo que pudo haber sido.
José Alberto Balido Hernández
Miami, Florida
23 de junio del 2009
viernes, junio 5
Matahambre o Masarreal, una época.
En días de añoranza, lejos de todo lo nuestro e incapaz de descifrar las turbulencias de la vida en el exilio, golpeado por la realidad mortal de los hombres, afloran los recuerdos con una fluidez temerosa quizás que el tiempo nos juegue una mala pasada y nos quedemos con el pasado en el rincón más profundo del baúl.
Los recuerdos pueden ser importantes o banales, pero toda comparación resulta relativa y cuanto menos odiosa. Nuestra mente es tan compleja que no llegamos a entender el porque de nuestros actos y cuando del subconsciente se trata más difícil resulta aun. Se han percatado ustedes que somos capaces de recordar después de muchos años los dos apellidos de nuestros compañeros de aula en la escuela primaria y sin embargo dudamos cuando de compañeros de trabajo actuales se trata, donde esta el misterio, no lo se, los sicólogos tendrán una explicación como para casi todo.
En la calle4 entre 7 y 9 frente a la antigua tabaquería de Santiago existía una pequeña escuela de dos plantas que recibía el nombre de las Carrales por sus antiguas propietarias. Su nombre cambio en el tiempo pero durante años posteriores para muchos el original se mantuvo como el de la avenida Carlos III, somos animales de costumbres aunque nos pese reconocerlo.
Las generaciones suelen ubicar sus años de existencia como la epoca de tal o mas cual cosa. Es común decir soy de la época de los Beatles, con esta referencia cualquiera puede asegurar que nacimos en los 60 o quizás un poco antes. Tomando en cuenta un recuerdo quizás un poco banal al que hacíamos referencia puedo decir que pertenezco a la generación del Masarreal o Matahambre, durante todos los años de mi infancia esta fue nuestra merienda. Allí en el patio en el pasillo de nuestra escuelita Carrales o Julio A, Mella recibíamos con la timidez e inocencia de un niño este suculento manjar de los dioses, unas veces mejor y otras peor.
Han pasado muchos años y nunca más he disfrutado de un Masarreal, en las vitrinas de las dulcerías que hoy visito no esta ni por asomo, solo en nuestro subconsciente lo podemos revivir, nuestro matahambre es parte de nuestra vida y no debemos olvidarlo.
Para mis compañeros de las Carrales, de los cuales nunca olvido sus dos apellidos.
miércoles, mayo 20
Fotos del baúl.
Corren días difíciles para las familias Santiagueras, nuestros viejos nos abandonan en cumplimiento de una ley de vida que nunca nos acostumbramos a aceptar. El exilio no es la mejor de las situaciones cuando perdemos a un familiar o a un amigo, la necesidad de estar unidos sucumbe ante la lejanía física, pero nos queda la infinita posibilidad humana de preservar de todas las maneras posibles el recuerdo de aquellos que nos dieron la vida y enseñaron a ser hombres y mujeres de bien.
Como nos pide José Alberto Balido es el momento de consagrar nuestro esfuerzo en no dejar morir nuestras vidas personales y familiares en un baúl y dejar constancia de nuestra pequeña historia. En estos últimos años Santiago de las Vegas en Linea ha sido un lugar de encuentro e indiscutiblemente ha enriquecido nuestras vidas y es nuestro deber continuar este proyecto desde el amor y respeto hacia nuestros seres queridos, pero con la felicidad y alegría que brinda el sentir la utilidad de nuestras acciones.
La foto que mostramos en estas lineas corresponde a un grupo de niños compartiendo mesa en el Vivero Mulgoba, ubicado en la carretera Santiago-Rincón, frente al Reparto los Cocos en la década de 1940-50. De este vivero partieron durante años la mayoría de las posturas de los frutales que fueron plantados en nuestros patios, y que llegaron a nuestra mesa de una manera u otra, nuestros aguacates, mangos y guayabas tuvieron su origen en este lugar y convirtieron a Santiago de las Vegas en una zona frutícola por excelencia gracias a las bondades de nuestro suelo y climatología peculiar.
Los niños de la foto son nuestros mayores de hoy, ya algunos no están y otros aún nos rodean con su eterno cariño en su papel de padres o abuelos. En lo particular esta foto cobra para mi un sentido especial, la primera niña a la derecha de la foto en Nilda de Con González, y el último niño de la izquierda es Giraldo Raymond Castillo, la combinación de apellidos la llevo siempre conmigo con el mayor de los orgullos que un hijo pueda tener.
Giraldo Raymond de Con
lunes, abril 13
La Sardina, pequeña reina.

No es un secreto que la pequeña sardina históricamente fue considerada comida de pobres, era insólito encontrar en una carta de restaurante algún plato que utilizara este pescado, lo podíamos encontrar en sencillas tabernas marineras o en algún sitio de bajo postín y hasta en nuestras propias casas su consumo no era significativo. En contra también tenia el falso concepto de que su cantidad de grasa era sumamente perjudicial. Hoy en día las cosas han cambiado y esta pequeña reina de los mares ocupa el lugar que merece.
Importante restaurantes de América y Europa la ofrecen es sus cartas en una variada gama de presentaciones.
La sardina es un alimento con un excelente valor nutritivo.
- Su proteína tiene una calidad nutricional excelente del mismo orden que la carne y otros pescados de mayor prestigio (merluza, salmón, lenguado, etc).
- La relación calidad/precio de su proteína es la más favorable entre los distintos alimentos de origen animal (carne, leche, huevos).
- La sardina es también una buena fuente de nutrientes, especialmente de vitaminas A , D y calcio.- La digestibilidad y utilización metabólica es muy buena.
- La calidad nutritiva de la proteína de sardina no queda afectada al enlatarla en aceite ni al freírla.
- Su proteína tiene una calidad nutricional excelente del mismo orden que la carne y otros pescados de mayor prestigio (merluza, salmón, lenguado, etc).
- La relación calidad/precio de su proteína es la más favorable entre los distintos alimentos de origen animal (carne, leche, huevos).
- La sardina es también una buena fuente de nutrientes, especialmente de vitaminas A , D y calcio.- La digestibilidad y utilización metabólica es muy buena.
- La calidad nutritiva de la proteína de sardina no queda afectada al enlatarla en aceite ni al freírla.
. Su riqueza en ácidos grasos poliinsaturados contribuye a disminuir las cifras elevadas de colesterol sanguíneo.
. Su alto contenido en ácidos grasos omega 3 inhibe la formación de tromboxanos, lo que resulta muy positivo en este problema.
. Estos ácidos grasos disminuyen también, específicamente, las cifras elevadas de triglicéridos en la sangre.
En muchas ocasiones nos quejamos de los productos caros y sin embargo despreciamos lo barato,
. Su alto contenido en ácidos grasos omega 3 inhibe la formación de tromboxanos, lo que resulta muy positivo en este problema.
. Estos ácidos grasos disminuyen también, específicamente, las cifras elevadas de triglicéridos en la sangre.
En muchas ocasiones nos quejamos de los productos caros y sin embargo despreciamos lo barato,
la sardina es un vivo ejemplo.
SARDINAS REBOZADAS
Limpiar las sardinas quitar las cabezas, las espinas y la raspa central. Separar los 2 lomos, lavarlos y escurrirlos muy bien.
Mezclar en un cuenco la harina con la levadura y una pizca de sal. Añadir agua poco a poco sin dejar de mover hasta obtener una pasta cremosa y espesa. Batir la clara a punto de nieve y mezclarla con la crema con cuidado, con movimientos envolventes.
Mezclar en un cuenco la harina con la levadura y una pizca de sal. Añadir agua poco a poco sin dejar de mover hasta obtener una pasta cremosa y espesa. Batir la clara a punto de nieve y mezclarla con la crema con cuidado, con movimientos envolventes.
Calentar abundante aceite en una sartén y pasar las sardinas por la crema, pasándolos a continuación a la sartén, dejándolas hasta que estén doradas. Escurrir sobre papel absorbente y servir bien calientes.
domingo, abril 12
Fallece Corín Tellado
Varias generaciones de Santiagueras compartían sus quehaceres en casa con la lectura de las novelas de Corín Tellado. Entre comida y comida nuestras madres y abuelas se entregaban a ese mundo de amor y príncipes azules. Personalmente tuve el privilegio de compartir un café con ella y doy fe que era una persona extraordinaria, amante de nuestra tierra y nuestra cultura.


Las últimas letras de Corín
Corín Tellado dictó el miércoles pasado a su nuera la que sería su última historia, un relato para la revista de Latinoamérica ‘Vanidades’
Murió tranquila. En casa. En familia. «De agotamiento después de veinte años de diálisis», decía ayer un familiar en el tanatorio, con la tranquilidad que da saber que se fue a gusto, sin sufrimientos vanos y con la pluma cargada de tinta hasta el último suspiro. Porque ya octogenaria, Corín Tellado, nunca dejó de escribir, nunca le flaquearon las fuerzas para imaginar otros mundos. Ya no directamente sobre una vieja máquina de escribir, pero sí a través de la María José –Caco–, su nuera, la vecina de puerta en Marqués de San Esteban, que le hacía las veces de amanuense del siglo XXI para dar forma escrita a lo que su mente continuaba tramando.
Fue el miércoles el último día que escribió. Ayer lo recordaba su nuera en el tanatorio, aún con el dolor reciente y tratando de atinar con el número de relatos que dejó inéditos. «Yo tengo guardados los ocho últimos sin enviar», decía María José, sin querer desvelar los contenidos de esas historias que desde hace cuarenta años publicaba fielmente en la revista ‘Vanidades’, con gran predicamento en Latinoamérica y con la que la asturiana ha mantenido un relación estable durante décadas. «No volví a tocarlas en el ordenador y tengo que meter correcciones», recordaba su nuera.
Fue para ese mercado iberoamericano que tantos éxitos le dio para el que escribió las que fueron sus últimas líneas, sus últimas historias de amor, las que se publicarán en los próximos meses, porque siempre trabajaba Corín Tellado con mucho adelanto. «Ella solía trabajar por las mañanas y se tomaba su tiempo», dice María José, que sabe que era la escritora de Viavélez una mujer cumplidora, que nunca quería ni podía dejar de lado sus compromisos.
Por eso el miércoles, pese a que no se encontraba muy bien, dejó el piso de su hija Begoña en el que residía y se fue al de su hijo y su nuera. Pasó, curiosamente, de una letra a otra, del piso C al D, para hilar vocales y consonantes por última vez. Y allí dictó para Caco su última historia. «Ya no estaba ella como siempre», dice su nuera, que no recuerda cuál fue el título elegido para la que habría de ser su última obra.
Lo cierto es que Corín «había dado un bajón», ya en los últimos meses no estaba tan activa, ya no tenía la fuerza para quedar a comer con la alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, a la que apreciaba muy especialmente, ya no podía desplazarse y viajar con frecuencia. La diálisis era su compañera y la cita tres días por semana –lunes, miércoles y viernes– le impedía moverse todo lo que quisiera, pero, pese al bajón físico, decía ayer su familia que siempre estuvo muy lucida, que se mantuvo activa hasta el final.
Y es que ella nunca dejó de imaginar vidas ajenas en una trayectoria profesional que se cuenta por millares de obras. Este mismo verano publicó en las páginas de LA VOZ ‘Milagro en el camino’, una novela en 40 entregas que resultó ser la última y que ella no quería definir como una historia de amor. «El amor no es el protagonista, aunque también haya amor y escenas de pasión, porque es la historia de una familia», decía entonces, porque por mucho que el amor fuera su sello de identidad, ella siempre renegó del romanticismo: «Para escribir no me resulta indispensable que el amor sea el ingrediente fundamental de las páginas». (Nota del Periódico El Comercio de Gijón).
Corín Tellado dictó el miércoles pasado a su nuera la que sería su última historia, un relato para la revista de Latinoamérica ‘Vanidades’
Murió tranquila. En casa. En familia. «De agotamiento después de veinte años de diálisis», decía ayer un familiar en el tanatorio, con la tranquilidad que da saber que se fue a gusto, sin sufrimientos vanos y con la pluma cargada de tinta hasta el último suspiro. Porque ya octogenaria, Corín Tellado, nunca dejó de escribir, nunca le flaquearon las fuerzas para imaginar otros mundos. Ya no directamente sobre una vieja máquina de escribir, pero sí a través de la María José –Caco–, su nuera, la vecina de puerta en Marqués de San Esteban, que le hacía las veces de amanuense del siglo XXI para dar forma escrita a lo que su mente continuaba tramando.
Fue el miércoles el último día que escribió. Ayer lo recordaba su nuera en el tanatorio, aún con el dolor reciente y tratando de atinar con el número de relatos que dejó inéditos. «Yo tengo guardados los ocho últimos sin enviar», decía María José, sin querer desvelar los contenidos de esas historias que desde hace cuarenta años publicaba fielmente en la revista ‘Vanidades’, con gran predicamento en Latinoamérica y con la que la asturiana ha mantenido un relación estable durante décadas. «No volví a tocarlas en el ordenador y tengo que meter correcciones», recordaba su nuera.
Fue para ese mercado iberoamericano que tantos éxitos le dio para el que escribió las que fueron sus últimas líneas, sus últimas historias de amor, las que se publicarán en los próximos meses, porque siempre trabajaba Corín Tellado con mucho adelanto. «Ella solía trabajar por las mañanas y se tomaba su tiempo», dice María José, que sabe que era la escritora de Viavélez una mujer cumplidora, que nunca quería ni podía dejar de lado sus compromisos.
Por eso el miércoles, pese a que no se encontraba muy bien, dejó el piso de su hija Begoña en el que residía y se fue al de su hijo y su nuera. Pasó, curiosamente, de una letra a otra, del piso C al D, para hilar vocales y consonantes por última vez. Y allí dictó para Caco su última historia. «Ya no estaba ella como siempre», dice su nuera, que no recuerda cuál fue el título elegido para la que habría de ser su última obra.
Lo cierto es que Corín «había dado un bajón», ya en los últimos meses no estaba tan activa, ya no tenía la fuerza para quedar a comer con la alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, a la que apreciaba muy especialmente, ya no podía desplazarse y viajar con frecuencia. La diálisis era su compañera y la cita tres días por semana –lunes, miércoles y viernes– le impedía moverse todo lo que quisiera, pero, pese al bajón físico, decía ayer su familia que siempre estuvo muy lucida, que se mantuvo activa hasta el final.
Y es que ella nunca dejó de imaginar vidas ajenas en una trayectoria profesional que se cuenta por millares de obras. Este mismo verano publicó en las páginas de LA VOZ ‘Milagro en el camino’, una novela en 40 entregas que resultó ser la última y que ella no quería definir como una historia de amor. «El amor no es el protagonista, aunque también haya amor y escenas de pasión, porque es la historia de una familia», decía entonces, porque por mucho que el amor fuera su sello de identidad, ella siempre renegó del romanticismo: «Para escribir no me resulta indispensable que el amor sea el ingrediente fundamental de las páginas». (Nota del Periódico El Comercio de Gijón).
jueves, abril 9
ARROZ CON POLLO

Recuerdo que en Santiago los domingos muchas familias solían reunirse para almorzar. En casa por lo general y no se debido a que mandato divino el menú consistía en un suculento Arroz con Pollo. No es menos cierto que en muchos de nuestros patios aunque fuesen pequeños se criaban gallinas donde no faltaba el gallo de turno. Los amaneceres en Santiago propiciaban el deleite del canto del gallo fuese el tuyo o el del vecino pero no fallaban. Al primer rayo de sol aquellos galanes del corral daban la bienvenida al nuevo día, quizás felices porque comenzaba para ellos otra jornada de intenso amor entre tantas féminas.
Vivir hoy en día en una gran ciudad nos posibilita disfrutar de una supuesta calidad de vida superior. En muchos lugares la normas de sanidad prohiben la crianza de aves sin control sanitario lo que nos quita el placer de escuchar la melodía matinal del Don Juan del corral. Hace poco días al despertar escuche algo que me sobrecogió el alma, a mis oídos llegaba el canto de un gallo como aquel que recordaba del viejo Santiago, me pareció estar soñando pero no, la fuerza de aquel tenor rompía el silencio y su canto se mezclaba con el tedioso ruido del amanecer en un gran ciudad. No pude evitar la tentación de investigar hasta lograr ver y fotografiar a este nuevo vecino. En tiempo de crisis económica los esquemas de vida comienzan a cambiar sea donde sea, y la gente busca asegurarse el plato de comida. aunque las leyes digan lo contrario.
Arroz con pollo
Ingredientes
Piezas de pollo
3 dientes de ajo
El jugo de un limón
1/2 taza de aceite
1 ají grande
1 cebolla grande
1 lata salsa de tomate
1 frasco de pimientos morrones
1 lata de petit pois
1 lata de espárragos
2 cucharadas de sal
1/2 cucharadita de pimiento
1 hoja del laurel
2 tazas de vino
3 ½ tazas de caldo
4 tazas de arroz
Azafrán
1/4 de cucharadita de comino
Preparación
Unas horas antes de empezar, adoba las piezas de pollo con ajo machacado y el jugo de lima. Haz un caldo con menudos de pollo. Saca el pollo del adobo y ponlo en papel toalla.
Calienta el aceite y cocina el pollo, añade la cebolla bien picadita, el ají bien picadito, la salsa de tomate, los pimientos morrones con su líquido, el líquido de los petit pois y el de los espárragos, la sal, la pimienta, la hoja del laurel, el azafrán, el vino seco, el caldo y el agua.
Cuando el pollo esté casi cocinado, añade el arroz. Deja a fuego lento hasta que se cocine y añade los petit pois y espárragos para adornar.
martes, marzo 31
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